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Psicología

La verdad sobre el TDAH (parte II)

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{xtypo_dropcap}E{/xtypo_dropcap}l pasado mes de mayo publiqué en esta revista un artículo titulado La verdad sobre el TDAH que, al parecer, ha levantado polvareda. En dicho artículo criticaba la decisión, tanto del Ayuntamiento de Vélez-Málaga como de la Gerencia del Servicio Andaluz de Salud, previa mediación de la Asociación TDAH-Axarquía, de vetar la intervención del catedrático de psicología Marino Pérez Álvarez en las V Jornadas sobre Infancia y Adolescencia que iban a celebrarse en nuestra localidad. Exponía en dicho artículo que el motivo de este veto podría ser el hecho de que este catedrático hace un total hincapié en la importancia de los factores contextuales o ambientales (familia, profesores, etc.) por encima de los biológicos o genéticos a la hora de explicar la génesis y el mantenimiento de los problemas de conducta que manifiestan los chicos diagnosticados de TDAH y que, por tanto, en el tratamiento de estos problemas es más aconsejable una intervención psicológica o educativa llevando a cabo cambios en dichos factores contextuales en lugar del tratamiento farmacológico que suele usarse. Exponía en mi artículo que esta visión de Marino podría haber generado malestar entre los miembros de la Asociación TDAH-Axarquía al valorar que este catedrático (y otros muchos psicólogos seguidores de sus teorías) los acusaba de medicar de forma injustificada a sus hijos así como considerarlos a ellos, en cierta manera, incompetentes a la hora de educar o intentar encauzar los problemas de comportamiento de sus hijos y que por ello lo vetaban. Tras la publicación del artículo, desde la Asociación TDAH-Axarquía contactaron conmigo por teléfono para exponer que, efectivamente, estaban molestos con los planteamientos de Marino. Aunque en mi anterior artículo, publicado en mayo, escribo literalmente que “puedo entender a los padres de la Asociación TDAH-Axarquía y empatizo con ellos. Es normal que no les guste que se catalogue a sus hijos simplemente como “niños nerviosos” y a la vez “mal educados” por padres incompetentes”, también es cierto que en dicho artículo llego a reconocer sin tapujos que “estoy bastante próximo a las teorías de Marino”, por lo que, para evitar herir sensibilidades y que se generen malos entendidos, me gustaría dejar claro algunos puntos:

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Como Marino, yo me considero un psicólogo contextualista-funcional, lo que significa que, sin descartar las variables genéticas ligadas al TDAH, no se puede entender la conducta humana sin tener en cuenta el contexto en el que ésta tiene lugar. Esta postura, reitero, no niega en ningún caso la existencia de variables genéticas que predispongan a unos niños a tener problemas de atención, concentración, hiperactividad y todo el repertorio de conductas problemáticas enmarcadas en el TDAH, pero entiende que el resultado final del repertorio conductual de esos niños va a depender irremediablemente de la interacción final de esas variables genéticas con el contexto, ambiente o circunstancias que lo acompañan desde su nacimiento hasta que empieza a manifestar síntomas.

No seré yo el que niegue categóricamente que el empleo de fármacos pueda, en algunos casos, mejorar la calidad de vida de algunos niños y sus familias. Ahora bien, los psicólogos, con independencia de la corriente teórica a la que se adhieran y con independencia a si dan más importancia a las variables genéticas o a las contextuales, no pueden, en ningún caso, prescribir medicación. La medicación para tratar el TDAH o cualquier otro problema psicológico solo puede ser prescrita por un médico-psiquiatra. De ahí, el que los profesionales de la psicología nos centremos exclusivamente en las variables contextuales o ambientales con las que sí que podemos trabajar y demos toda la importancia a aspectos como el establecimiento de rutinas, horarios, normas, pautas educativas, sistemas de refuerzos o premios, consecuencias, comunicación, afecto, etc.

Si, tal y como me pusieron de manifiesto desde la Asociación TDAH-Axarquia, los psicólogos contextualistas seguidores de Marino, entre los que me incluyo, están haciendo que los padres de niños diagnosticados de TDAH salgan de sus consultas angustiados, juzgados o cuestionados como padres y sintiéndose terriblemente culpables, creo que quizás nos toca hacer autocrítica porque hay algo que probablemente estamos haciendo mal a la hora de comunicar nuestros planteamientos. Si se vende bien, el contextualismo realmente debería aportar esperanza e ilusión a los padres, haciéndoles ver el gran potencial que ellos tienen, como parte fundamental que son de su contexto, para mejorar la vida de sus hijos e influir positivamente en su adaptación al medio, con independencia de que se les prescriba o no algún tipo de medicación.

Del mismo modo que me pareció mal el veto o censura a Marino, he de señalar que entiendo también el malestar que me han trasladado desde la Asociación TDAH-Axarquía cuando me exponen que, en los cuatro años que llevan celebrándose las Jornadas sobre Infancia y Adolescencia (las que se cancelaron este mes de mayo iban a ser las quintas), los organizadores nunca han tomado la decisión de invitarlos a ellos. Estoy de acuerdo en que si se invita a Marino, invitar también a la Asociación TDAH-Axarquía hubiera fomentado un debate muy enriquecedor entre dos posturas tan divergentes que hubiera permitido a los asistentes sacar sus propias conclusiones y formarse su propia opinión sobre un tema tan complejo e interesante como el TDAH.

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