Connect with us

Psicología

La terapia de aceptación y compromiso

Publicado

el

{xtypo_rounded2}

{xtypo_dropcap}E{/xtypo_dropcap}n algún que otro artículo anterior, ya presentábamos el “efecto paradójico de la evitación experiencial” que consiste en que cuando una persona se esfuerza por controlar, suprimir o evitar cualquier contenido o imagen mental, pensamiento, recuerdo o experiencia privada dolorosa, llamémosle “X”, irremediablemente acabaría contactando una y otra vez con “X”. Paradójicamente, los eventos internos que trata de evitar se hacen más insidiosos a medida que aumentan los esfuerzos por evitarlos, cayendo la persona en una especie de trampa o círculo vicioso. Una forma de terapia útil para tratar de desmontar este efecto es la Terapia de Aceptación y Compromiso, donde resulta un elemento clave aprender a aceptar los eventos internos dolorosos.

{loadmoduleid 257}

La aceptación o «estar dispuesto a», en el sentido que toma desde la Terapia de Aceptación y Compromiso, se entiende como el estar completamente «abierto a» sentir, recibir y experimentar cualesquiera de las situaciones, experiencias, emociones o sensaciones que nos ofrezca la vida, a pesar de lo desagradables, aversivas o negativas que éstas puedan parecernos. Implica estar despierto, plenamente consciente de las propias vivencias. Uno no puede «estar dispuesto a» o «estar abierto a», con la intención de disminuir su malestar, pues entonces la aceptación pasaría a ser otra forma más de control o evitación de las experiencias y sería completamente ineficaz o incluso contraproducente (por los efectos paradójicos que ya hemos mencionado de la evitación experiencial). Cuando se acepta, en Terapia de Aceptación y Compromiso, se acepta sin condiciones, sin más intención que la de una aceptación plena, total y sincera.

La aceptación que proponemos implicaría tener en cuenta ese refrán que dice «no hay rosas sin espinas», recibir con los brazos abiertos lo malo que la vida nos haga sentir o experimentar. La tortuga que ante la percepción de una amenaza se esconde bajo su caparazón evita los peligros, pero si permaneciese siempre en ese estado acabaría muriendo de hambre y sed. La aceptación que se propone no es un simple «aguantarse porque sí» o una especie de «conformismo terapéutico», va más allá de eso, es dignificar el sufrimiento, porque esta dignificación, esta aceptación del sufrimiento es algo necesario para poder vivir una vida valiosa.

Aclarado esto, ¿cómo se consigue esta aceptación? ¿Cómo se entrena?

Las metáforas son una herramienta muy útil para conseguir este propósito y una de las más utilizadas cuando se trabaja desde la Terapia de Aceptación y Compromiso es la de la «fiesta con invitados molestos». Según esta metáfora, cuando organizamos alguna fiesta o reunión con familiares o amigos, siempre cabe la posibilidad de que haya algún asistente cuya presencia nos incomode un poco, algún familiar o amigo que no nos caiga demasiado bien o incluso alguien a quien literalmente no soportamos lo más mínimo. En esta situación tenemos básicamente dos opciones. La primera de ellas es quedarnos «enganchados» a la asistencia de esa persona que nos molesta, quejándonos por su presencia, observando y vigilando sus acciones o gestos que nos desagradan, maldiciendo el que haya tenido que acudir para fastidiarnos la fiesta o reunión. La otra opción es aceptar su presencia y darnos cuenta de que, a pesar de ella, podemos seguir disfrutando de la fiesta, centrándonos en las otras muchas personas que sí que nos agradan y haciendo que la experiencia finalmente valga la pena.

Otra metáfora que yo suelo emplear con mis clientes para practicar la aceptación es la de «la china en el zapato». Según dicha metáfora, los eventos privados desagradables o las experiencias dolorosas equivaldrían a un chino en nuestro zapato. Nuestra primera reacción podría ser la de dejar de caminar, descalzarnos y sacar la china fuera del zapato y esta sería una decisión muy útil si estuviéramos hablando de un chino real, pero estamos hablando de eventos privados y ya vimos lo que ocurría cuando intentábamos «expulsarlos de la mente», entraban en acción los efectos paradójicos de la evitación experiencial y los eventos privados se hacían más presentes e insidiosos aún. Es como si al intentar sacar la china de nuestro zapato automáticamente apareciera otra china más grande en su lugar. Intentando sacar las chinas una y otra vez, nos encontraríamos interrumpiendo nuestro camino constantemente, dejando de avanzar en la dirección que teníamos planteada. La solución sería aceptar la china en el zapato y seguir nuestro camino con ella, en dirección a aquello que es importante para nosotros.

Además de la aceptación, el otro elemento fundamental de la terapia de la que estamos hablando es el compromiso. Una vez que uno se convence de los beneficios de la aceptación, llega el momento de hacerse la siguiente pregunta: «¿Estás dispuesto a aceptar todas tus vivencias internas, a pesar de lo dolorosas que puedan resultar, si ello es necesario para vivir una vida valiosa?»

Esta pregunta solo tiene dos posibles respuestas: sí o no. Uno no puede comprometerse a medias. Ahora bien, en el caso de que respondas sí, deberás tener en cuenta que éste proceso de compromiso es un factor dinámico.

Por ello, comprometerse no es firmar una especie de contrato ante notario que te garantice de por vida que serás capaz de llevar a cabo siempre las claves de aceptación presentadas en este artículo. No, no es así de sencillo. Tendrás que plantearte la pregunta «¿Estás dispuesto a aceptar todas tus vivencias internas, a pesar de lo dolorosas que puedan resultar, si ello es necesario para vivir una vida valiosa?» una y otra vez a lo largo de tu vida. Como suele decirse popularmente, «el movimiento se demuestra andando». Día a día, hay que ir dando pequeños pasos en dirección a tus valores personales. A veces, te saldrás de esa dirección, te desviarás de la línea establecida o retrocederás algunos pasos atrás, pero eso no será impedimento para retomar la senda de tus valores una y otra vez, cuantas veces haga falta. En eso consiste exactamente el compromiso. Podrás establecer metas y objetivos concretos que te ayudarán a caminar en dirección a tus valores. Algunas de esas metas se materializarán y otras no, pero eso no es lo que importa. Uno puede fracasar en la consecución de sus metas, pero el verdadero fracaso está en rendirse, en no retomar la dirección de nuestros valores.

Si te interesa conocer con mayor profundidad la Terapia de Aceptación y Compromiso, presentada escuetamente en este artículo, te recomiendo leer el libro No puedes escapar de ti mismo.

{/xtypo_rounded2}

Sigue leyendo
Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

El tamaño máximo de subida de archivos: 256 MB. Puedes subir: imagen, audio, vídeo, documento, hoja de cálculo, interactivo, texto, archivo, código, otra. Los enlaces a YouTube, Facebook, Twitter y otros servicios insertados en el texto del comentario se incrustarán automáticamente. Suelta el archivo aquí