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Mindfulness

El hombre y la educación

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En los últimos meses ha aumentado considerablemente el número de hombres que vienen a consulta con la intención de mejorar su salud y que entienden que ello va de la mano de sentirse bien emocionalmente. Además, de igual manera, en nuestros cursos en el Instituto de Emoconciencia también hemos experimentado un aumento del número de participantes masculinos en ellos; de hecho en el ultimo que se realizó en Sevilla, por primera vez, la mayoría eran hombres. Lo extraordinario de ello es que eso significa que las cosas empiezan a cambiar. Por eso hoy quiero explicar el origen emocional de algunas de las patologías masculinas. Los casos de tumores en la próstata y los testículos, disfunciones eréctiles (impotencia), esterilidad y otras muchas enfermedades relacionadas con el aparato reproductor masculino se han disparado en los últimos años, y aunque, por supuesto, los hábitos de vida mucho más sedentarios, la mala alimentación cada día menos natural y con más productos procesados y, sin duda, el estrés de la vida diaria están influyendo en este aumento, existen otras razones que tienen que ver con estados emocionales generados por el sistema de pensamiento debido a la educación recibida. Así, como todos sabemos, todavía estamos en una sociedad donde predomina el machismo. Sí, sí, aunque nos cueste reconocerlo y aunque no soy partidaria de fomentar los “ismos”, es la forma en la que creo que se me va a entender. Esto se debe a que todos, mujeres y hombres, hemos recibido una educación machista. Y no porque haya un especial interés en que eso sea así; es decir, seguro que nuestros progenitores y educadores han querido siempre lo mejor para nosotros, lo que ocurre es que ellos a su vez también han recibido este tipo de educación, y este es el proceso por el que se va perpetuando un modelo de sociedad. Y somos nosotras, las mujeres, como madres, las principales transmisoras de esta educación, ya que, hasta ahora, el comportamiento machista ha estado tanto o más presente en nosotras que en los mismos hombres. No educamos igual a nuestras hijas que a nuestros hijos. Sin querer extenderme en las comparaciones me voy a centrar, esta vez, en la influencia de esta educación en los hombres. A ellos se les somete a la presión de la competitividad masculina tanto a nivel físico como a nivel profesional, se presupone que tienen que ser, obligatoriamente, mejores que las mujeres. Y si ya han formado una familia tienen que ser el cabeza de familia (el protector). Sí, parece antiguo y rancio, ¿verdad? Pues este concepto sigue en nuestros patrones de pensamiento e influyen de una manera muy potente en cómo se sienten los hombres, sean o no conscientes de ello. Cuando un hombre ha tenido una figura paterna que no ha sabido desempeñar bien esa función por separación o por determinados comportamientos (violencia, alcoholismo, drogas, etc…), va a general en él dilemas si lo sabrá hacer bien, ya que tiene dudas de su referente o modelo, lo que va a producir serias inseguridades en sus relaciones afectivas con la pareja y con los hijos, llegando a provocar casos de esterilidad e impotencia. Si además ha tenido alguna relación (de pareja o con hijos) en la que ha considerado que ha hecho daño a la otra persona o que no la ha protegido como debiera, incluso puede desarrollar un tumor testicular. Por otro lado, con la edad, el hombre empieza a sentirse “menos poderoso físicamente”; ya nota que no tiene posibilidades de ser el macho dominante, papel que otorgan ya a los más jóvenes, y entonces es en ese periodo en el que empezarán a tener problemas con la próstata. En fin, podemos concluir que deberíamos tomar conciencia y dar tanto a niñas como a niños una educación mucho más igualitaria, hacerlos entender que tenemos que ser seres libres, autosuficientes e independientes, y que una relación se basa en la colaboración, el apoyo mutuo y en compartirse.

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