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Deporte

Lluvia de otoño

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La rutina era parte de su día. Era un hombre maniático, meticuloso. Aún calentaba el sol para apurar el bronceado del verano y ya había ordenado su armario con jerséis de cuello alto y camisetas de algodón. Tan sólo había dejado alguna ropa ligera para aprovechar lo que ahora los meteorólogos denominan ‘veroño’. Al paraguas le habían salido hasta telarañas. Lo limpió aquella mañana porque leyó por las redes sociales que venían días de lluvia. A él le encantaba pasear bajo la lluvia. Aunque también pisar las hojas secas que caían de los árboles. Recordaba asimismo lo que suponía la llegada del otoño: la vuelta al colegio. Aunque era buen estudiante, nunca ansiaba que llegase la fecha. Echaba de menos a sus amigos, pero prefería a los de su barrio. Ellos no lo tachaban de empollón ni de tímido. En su barrio era uno más. Sin etiquetas. El perfeccionismo le venía desde pequeño: forraba sus libros, tenía una libreta para cada asignatura y apuntaba en su agenda sus deberes, sus tareas diarias… Hasta los sueños que recordaba al despertar. Después de limpiar el paraguas aún tuvo unos minutos para tomar un café. Se terminó de acicalar frente al espejo del ascensor y tomó su camino al trabajo. La avenida que cruzaba cada día estaba llena de hojas y saltaba sobre ellas escuchando el chisporroteo de la sequedad de las mismas. Era temprano y nadie podía darlo por loco. No es común que un hombre trajeado, elegante y metido en los cuarenta tenga aficiones de niño. Paró en seco al ver a lo lejos a una figura que, sorprendentemente, también parecía saltar de hoja en hoja. Descartó la idea. Se intuía la figura de una mujer y, tal vez, iba sorteando las hondonadas del piso para que no se clavasen sus tacones. Al llegar a su altura, ella se sobresaltó, sonrió y se sonrojó. Llevaba un paraguas y una elegante gabardina bajo la cual se intuía una esbelta figura. Aquella noche, de vuelta a casa, la lluvia le sorprendió por el camino. La mujer prevenida, de la gabardina y el paraguas, recordó el encuentro y le dio cobijo. Pasearon juntos bajo la lluvia.

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