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Tecnología

Portátiles al sol (y II)

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Advertíamos en el pasado número de la revista que las altas temperaturas en verano ponen a prueba a nuestros dispositivos tecnológicos, llevándolos a zonas de funcionamiento ‘incómodas’, hasta el punto de ser recomendable protegerlos para evitar que se averíen o no funcionen bien. Los portátiles son uno de estos dispositivos sensibles al calor. Y, ante la llegada de un verano tórrido, es conveniente adoptar algunas medidas preventivas para mantener su temperatura bajo control. No es broma, la tecnología sufre mucho cuando se somete a los efectos del calor, tanto en la parte de la electrónica, como de sus materiales, en el rendimiento y la vida útil de la batería. Decíamos entonces que en verano, la temperatura ambiente puede ser más de 15 grados superior a la de otras estaciones, pasando de 20–25 grados a incluso más de 40 grados. Y eso afecta a la correcta refrigeración de la CPU e incluso al rendimiento de las baterías. Pues bien, los efectos negativos afectan a la capacidad de carga, reduciendo de manera efectiva el número de ciclos disponibles. No es una ciencia exacta, pero en casos extremos de exposición al sol y calentamiento, la vida útil de la batería puede reducirse de manera significativa. En este punto, es importante evitar que el sol incida directamente en nuestro portátil y vigilar que las salidas de refrigeración no estén tapadas por nada que reduzca su capacidad para extraer el aire caliente del interior y “chupar” aire menos caliente del exterior. En casos de exposición directa al sol, los materiales plásticos pueden sufrir deformaciones a nivel de carcasa debido a las altas temperaturas que alcanzan. O la degradación de la pintura o la laca que los recubra. Los materiales plásticos son resistentes y ofrecen una buena rigidez estructural pero el calor puede afectar a sus propiedades, incluso provocando abombamientos. En verano puede suceder que dejemos el portátil en una mesa junto a una ventana, y que, durante ciertas horas del día el sol entre por esa ventana, incidiendo de manera directa sobre el equipo o partes de él. Hay que estar atentos para que esto no suceda. Pero, cambiando de asunto (o echándole más leña al fuego), hay más. Lo cierto es que en verano usamos prendas que dejan expuestas las piernas. Y eso, junto con el incremento de temperatura de trabajo del equipo, al disipar más calor, hace que la sensación térmica al contacto con las piernas pueda ser incómoda o hasta insoportable. En general, no se recomienda tener el portátil apoyado en el regazo, pero en verano menos. Especialmente porque lo suyo es apoyarlo sobre una superficie disipadora del calor. En ordenadores con carcasas de aluminio o de aleaciones metálicas, el efecto es más intenso aún gracias a las propiedades disipadoras del metal. En cualquier caso, recuerda que, aunque lleves pantalones o faldas largas, los tejidos no suelen ser buenos disipadores de calor, por lo que será mejor evitar su uso en esta posición. Para evitar que el calor haga mella en nuestro portátil, tendremos que adoptar algunas medidas sencillas. Por ejemplo, además de velar porque el sol no incida directamente sobre el equipo, es interesante apoyar el equipo sobre superficies que disipen bien el calor. Mejor aún, instalarlo sobre un soporte que separe la base del equipo de la mesa o la superficie donde esté apoyado para que circule el aire. Existen, incluso, soportes con ventilador integrado que aportan un extra de aire que puede hacer que nuestro equipo funcione más ágilmente al evitar que entre “en corte” cuando la temperatura supera un valor dado. Por otra parte, cuando cargues el portátil, trata de hacerlo en lugares especialmente bien refrigerados. Al calor del ambiente, durante la carga, hay que sumar el calor propio de la batería. Si no tienes más remedio, hazlo, pero si puedes esperar a estar en una estancia bien ventilada, mejor. Si te interesa saber qué temperatura tienen los componentes internos del portátil puedes usar programas de diagnóstico, como HWMonitor Pro, donde encontrarás valiosa información sobre tu portátil y, por supuesto, la temperatura del procesador. Si observas valores por encima de los 80 grados, cuidado.

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