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Psicología

La reinserción de los menores de edad que cometen delitos

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Llevo diez años trabajando en el campo de la rehabilitación de menores que han cometido delitos de todo tipo. A lo largo de este período, he podido comprobar de primera mano cómo las conductas problemáticas que llevaron a estos chicos a entrar de lleno en el sistema judicial pueden corregirse, en muchos de los casos, con una adecuada intervención.

Para tal tarea, los jueces de menores cuentan con cuatro distintas posibilidades, cuatro medidas judiciales que son las siguientes:
Primero, el internamiento en centro de reforma. Esta medida judicial va destinada a los casos más difíciles, menores que han cometido delitos muy graves (agresiones, homicidios o intentos de homicidio, abusos sexuales, etc.) o que son reincidentes y que suelen presentar muchos factores de riesgo a su alrededor (padres ausentes o disfuncionales, consumo de drogas, abandono de estudios…). Estos centros de menores no son prisiones, pero en algunos aspectos se les pueden llegar a parecer bastante, ya que los menores no pueden salir al exterior sin permiso, las visitas de sus familiares se encuentran reguladas y los horarios y las normas son estrictos.
Segundo, la libertad vigilada. Va dirigida a casos con delitos menos graves (robos, amenazas, maltrato familiar, etc.), pero en los que el menor también cuenta con uno o varios factores de riesgo. En el caso en que el menor sea consumidor de drogas, durante el período de cumplimiento de la medida de libertad vigilada, éste tiene que someterse al correspondiente tratamiento de deshabituación, en ocasiones con el apoyo de entidades como Proyecto Hombre o el Centro Comarcal de Drogodependencias. En casos de absentismo escolar o abandono definitivo de estudios, el menor es obligado a retomar los estudios o realizar alguna actividad formativa. En aquellos supuestos en los que se detecte algún trastorno psicológico, el menor recibirá la correspondiente terapia psicológica y tratamiento farmacológico de apoyo, en caso de que éste fuese necesario. Mi trabajo con los menores a los que se les ha puesto esta medida judicial es la de supervisar todas las áreas del chico (la formativa, la psicológica, la familiar, su tiempo de ocio…) e informar periódicamente al juzgado de menores correspondiente sobre el adecuado cumplimiento o no de la medida de libertad vigilada por parte del menor. En el caso de que el menor no cumpla con los objetivos establecidos inicialmente en su libertad vigilada, el juez de menores podría determinar el cambio de ésta medida judicial por la de internamiento en centro.
En tercer lugar, tenemos la tarea socioeducativa. Esta medida judicial va encaminada a delitos leves en los que, además, el menor que los comete tiene una situación bastante normalizada, sin un perfil delictivo propiamente dicho, carencia de problemas familiares, no consume drogas, etc. A diferencia de la libertad vigilada, en la que se supervisan todas las áreas importantes en la vida del menor (la formativa, la psicológica, la familiar, su tiempo de ocio…), la tarea socioeducativa se centra exclusivamente en el área formativa, ya que se entiende que el resto de áreas se encuentran normalizadas. De este modo, el menor en cuestión tendrá que asistir a algún curso formativo o realizar cualquier actividad formativa específica como, por ejemplo, obtener el permiso para conducir ciclomotores en el caso de delitos contra la seguridad vial. Al igual que ocurría con la libertad vigilada, en el caso de que el menor no cumpla con los objetivos establecidos en su tarea socioeducativa, el juez de menores podría determinar el cambio de ésta medida judicial por la de internamiento en centro.
Por último, la prestación en beneficio a la comunidad. Esta última medida judicial se reserva principalmente a casos de infracciones leves o simples faltas que no llegan a ser tipificadas como delitos. El menor, para compensar el daño realizado, deberá realizar unas horas de trabajos, establecidas por el juez de menores, colaborando con alguna entidad pública o privada de utilidad social. Así, en la zona de la Axarquía, que es donde yo llevo a cabo mi trabajo, colaboran con entidades como Asprovélez, Protección Civil, Amivel, el Centro de Día para mayores o el Comedor Social Emaus. Y bien, tras este primer artículo a modo de introducción sobre mi trabajo y las medidas judiciales que pueden imponerse a los menores de edad que comenten delitos, próximamente iré exponiendo los factores de riesgo y de predisposición que hay que tener en cuenta a la hora de prevenir la delincuencia juvenil, así como historias de superación y reinserción social de casos reales de la Axarquía  (sin dar nombres, por supuesto, para preservar la intimidad de los chicos) que me he ido encontrado a lo largo de los últimos diez años. Espero que les resulte de interés.

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