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Mindfulness

Dime, soy de recursos humanos

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Hace unos años, un jefe que tuve me reprochó que hablara demasiado con los empleados, que no hay que escucharles tanto si no todo lo contrario. Esto significó, a corto plazo, mi “traslado” a un proyecto externo cuyo objeto era prestar orientación a los alumnos que realizaban determinados cursos programados, con la consiguiente penalización en contrato y salario, eso sí, sin dejar las tareas propias del departamento de Recursos Humanos, aunque con foco en la parte Laboral, que, por otra parte, no es mi especialidad.
Debo reconocer que esta circunstancia causó mella en mí, hasta tal punto que decidí irme de la empresa, con la idea, incluso, de abandonar mi carrera en este campo que tanto me apasionaba, por mera frustración y cansancio. Afortunadamente recapacité y decidí iniciar mi aventura actual, mi propio camino, en Talento Local y Personas.
He tenido siempre la suerte de trabajar en lo que me gusta y en donde me gusta, en cada etapa de mi trayectoria profesional, pero pocas veces he podido desempeñar mi profesión como yo la entiendo, hasta ahora.
No soy el mejor profesional de Recursos Humanos, por supuesto, pero tampoco lo pretendo, no compito con nadie, sólo conmigo mismo, tratando de mejorar a diario, pero hay una cosa que tengo clara, que nuestra profesión, tal y como yo la entiendo, requiere el ejercicio de una competencia por encima de las demás, la de la Escucha.
Al fin y al cabo, y contrariamente a la idea, en mi opinión, equivocada, que se tiene de nuestro departamento como un mero ejecutor de las órdenes que vengan de arriba, debemos trabajar desde las bases, desde el conjunto de los empleados, que son nuestra “Materia Prima”. Éstos, son los que hacen que la empresa funcione diariamente, son los que tienen información de primera mano de nuestros clientes, de la calidad de nuestros productos o servicios, los que detectan los problemas internos de la empresa, los que transmiten las sugerencias de mejora, los que dan forma a la Cultura de Empresa, los que toman las pequeñas decisiones que permiten que las cosas se resuelvan, los que crean el “Know-How”, los que generan y desarrollan las ideas, los procedimientos… en definitiva, son personas, son profesionales.
Un buen gestor, de cualquier rama de la empresa, tiene como una de sus responsabilidades más significativas la toma de decisiones ante cualquier aspecto que le atañe, y debe tomar en cuenta, entre otras variables, las opiniones, propuestas y quejas de sus colaboradores. Lógicamente no todas las opiniones son acertadas, no todas las propuestas son adecuadas, y no todas las quejas son fundamentadas, pero tampoco todas las opiniones son desacertadas, todas las propuestas son inadecuadas y todas las quejas son infundamentadas. Ellos se pueden equivocar sí, pero también los gestores, directores o gerentes, simplemente porque todos somos personas y profesionales, y, por otro lado, el compromiso no va ligado necesariamente al nivel de responsabilidad. No por tener el puesto más bajo implica tener carencia de compromiso.
En este sentido he escuchado de todo, pero la frase que más me ha llamado la atención es la de “quien tiene una queja tiene un tesoro”. No puedo estar más de acuerdo con eso, aunque no en el sentido en que se dijo. Creo que en una empresa no puede haber algo más triste que los empleados lleguen a tal punto que ni eleven sus quejas, propuestas u opiniones. Esa, para mí, es una empresa perecedera. Todo es queja cuando no se escucha, todo molesta cuando no hay interés en lo que te transmite la gente, todo lo que sea valorar lo que te llega de abajo es una pérdida de tiempo cuando no quieres valorarlo, por que quien decides eres tú.
Lo más grave, aún, es cuando hasta el propio departamento de Recursos Humanos se dedica sólo a ejecutar sus tareas como un autómata, cuando deja de lado a los empleados, cuando piensa que todo lo que venga de ellos son quejas, cuando piensa que no se debe hablar con ellos. Os digo que conmigo no contéis si funcionáis así.
El Cambio, el verdadero cambio empresarial, parte de la Escucha, no de la introducción de una tecnología o de una maquinaria determinada, o de crear una Intranet o de introducir las Redes Sociales, o en definitiva de ser modernos e innovadores. De nada sirve si no se escucha a quienes participan en la empresa, a quienes alquilan sus vidas para procurar el crecimiento de la misma. La Comunicación Interna es más simple que todas las sofisticaciones que nos venden, es tan sencillo como sentarte con un colaborador y decirle: “Dime”, es hablar con la persona que hay detrás del profesional. Recursos Humanos, sin duda, tiene mucho que aportar en este terreno, es más, DEBE.

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