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Mindfulness

El Cáncer y la desesperanza

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Hoy quiero hablaros del cáncer, otra de las epidemias del siglo XXI. Todos tenemos uno o varios casos en nuestro entorno cercano, e incluso familiar, como es mi caso. Sé que la palabra cáncer no gusta; hay personas, sobre todo mayores, que no se atreven ni a pronunciarla. En alguna ocasión, preguntando a mi madre que cuál era el diagnóstico del médico sobre la enfermedad del familiar en cuestión, su respuesta fue “no sé… pero algo malo”. Pero, aunque suene duro, eludir el problema no contribuye a solucionarlo. El cáncer es una enfermedad en la que unas determinadas células de nuestro cuerpo mutan y empiezan a tener un comportamiento anormal; estas células comienzan a crecer y a su vez a destruir a las células sanas que tienen alrededor. Gracias a los avances médicos hoy en día es una enfermedad con un porcentaje de curación elevado. El desarrollo en la investigación de fármacos y tratamientos, así como en la cirugía, hace que se supere en muchos de los casos. Las causas de la enfermedad son multifactoriales, es decir, según las últimas investigaciones, en su aparición va a influir tanto el factor hereditario (lo que hace que unos individuos tengan más probabilidad de padecerla) como factores medioambientales, así como la alimentación y un largo etcétera. No obstante, nosotros, desde el Instituto de Emoconciencia al que pertenezco, en nuestras colaboraciones con asociaciones de enfermos de cáncer, recomendamos, tanto para prevenir esta como cualquier otra enfermedad, así como para afrontarla, llevar a cabo en nuestra rutina diaria cuatro hábitos fundamentales que son los siguientes. Un descanso de mínimo siete u ocho horas diarias; una hora de actividad física por lo menos tres veces en semana; una adecuada alimentación, con una dieta diaria compuesta por un 80% de frutas y verduras; y práctica de alguna técnica de relajación o meditación (mindfulness) para reducir nuestros niveles de estrés. Aunque lo anteriormente expuesto parezca obvio, la verdad es que resulta que casi nadie realiza las cuatro recomendaciones. Dicho todo esto, como siempre, también quiero dar la visión de su origen emocional. Es una enfermedad causada por un profundo resentimiento contenido durante muchísimo tiempo, hasta que literalmente va carcomiendo el cuerpo. La interpretación de algún acontecimiento en la infancia o más adelante, como puede ser algún suceso con alguno de los progenitores, o la perdida de algún familiar muy cercano (madre o hijos) nos va a llevar a sentir una profunda ‘desesperanza por la vida’: ‘no hay solución, todo es inútil’. Esto produce, consciente o inconscientemente, una rabia que te consume y un deseo de auto destrucción. Las personas que padecen la enfermedad suelen ser muy autocriticas, y además sufren estas heridas en silencio y soledad.
Pero a la vez, desean vivir en el amor que sienten que la vida les ha arrebatado. Perdonarnos a nosotros mismos, a los demás y, sí, a la vida, va a ayudar a que podamos sentir ese amor. Confiar en que todo lo que ocurre es lo mejor, aunque no lo sepamos ver, y que la vida siempre nos va a traer nuevas experiencias de las que podemos disfrutar, dejando ir el pasado y viviendo plenamente el presente con alegría y amor, va a hacer que recuperemos la ilusión y nos va ayudar a prevenir esta enfermedad, y, si es el caso, a superarla.

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