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Evaristo Guerra (1942) Vélez-Málaga

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Llamar a Evaristo Guerra “El Pintor de los almendros”, puede ser – de hecho lo es – bastante restrictivo para quienes conocen la temática empleada y la capacidad creadora de este artista de la Axarquía. Evaristo lo ha pintado todo. Es de esos pintores que tienen facultades para tocar todas las técnicas y todos los motivos. Y su historia personal y su legado artístico lo demuestran.

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Pero Evaristo un día se enamoró de su paisaje, de los almendros, de los olivos, de los naranjos… Y entre casitas, alquerías, cortijos y caminos, compuso un paisaje que ha creado escuela, que ha abierto ventanas de aire fresco a los sentimientos estéticos de nuestras tierras del Sur. Decía un conocido escritor que, cuando bajaba a Andalucía, cada vez que cruzaba Despeñaperros, desde la ventanilla de su coche sólo veía “cuadros de Evaristo Guerra”. Y es que su paisaje, el paisaje de Evaristo, nuestro paisaje, es el paisaje de Andalucía.

Evaristo Guerra Zamora nació en Vélez-Málaga el 5 de septiembre de 1942 y, desde sus primeros años, mostró una irresistible afición a la pintura. Con catorce años comenzó a estudiar con el acuarelista granadino Juan Morcillo, y, en 1961, lleva a cabo su primera exposición individual en la sala de exposiciones de la Caja de Ahorros Provincial de Málaga, hoy Unicaja, en la Plaza de las Carmelitas de su pueblo natal. Y, al poco, decide ingresar en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, donde estudia solamente un año.

Alternando sus estancias en Madrid, Vélez-Málaga, Arenas (de donde es natural su esposa María Adela Pareja Campos) y Las Navas del Marqués (Ávila), su verdadero despegue en el mundo del arte es la consecución del Premio Nacional de Pintura de la Revista Blanco y Negro en el año 1972. Exposiciones continuadas en la Galería Biosca de Madrid, Homenaje a la provincia de Málaga (1980), Homenaje a España (1982), etc., etc.

Dos acontecimientos importantes para el mundo del arte van a ser testigos nítidos del éxito de Evaristo. En 1995 el Ayuntamiento de Madrid le dedica una exposición antológica en el Centro Cultural de la Villa, titulada Cuatro décadas con la pintura, en la que presenta, por primera vez, su Homenaje a la Luz de Andalucía. Y en el verano de 1999 celebra una gran exposición en la Casa Fuerte de Bezmiliana (Rincón de la Victoria), que se convierte en el gran acontecimiento cultural de la Costa del Sol a las puertas del 2000.

Evaristo tiene ya las alforjas llenas de reconocimiento. Afortunadamente sus paisanos, que no suelen ser pródigos en el destacar a los profetas de su tierra, inauguraron lo que luego será un largo rosario de distinciones a lo largo y lo ancho de España. En marzo de 1979 Vélez-Málaga le dedica una calle, Arenas le nombra Hijo Adoptivo en 1980, Hijo Adoptivo de Las Navas del Marqués en 1987, Axárquico de Honor en 1990, Escudo de Oro de la Ciudad de Vélez-Málaga en 1999, Reconocimiento en el Día de la Provincia 2007, etc., etc.

Evaristo Guerra, después de muchos años, ha terminado de pintar los paños de la Ermita de la Virgen de los Remedios, Patrona de Vélez-Málaga; la que desde ahora se conocerá como la “Ermita transparente”. Y lo ha hecho con ilusión, con constancia, con grandeza de espíritu, con renovada energía cada jornada. Es un regalo a la historia, a Vélez-Málaga y a las gentes de la Axarquía.

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Don Camilo José Cela, premio Nobel de Literatura, dejó dicho de él, entre otras cosas, que Evaristo “…refleja delicadísimos misterios y pacientes sosiegos materiales e incorporales, pinta el campo con los colores del cielo y en consecuencia, y para confundir a los profetas, a los poetas y a los historiadores, viste a los árboles de arcángeles, a los naranjos y a los algarrobos, a las matas de ángeles, a las adelfas y a las azaleas, a las flores de serafines, a las rosas y a las violetas, y a las yerbas mansas o bravas de querubines…”

El pintor de los almendros, que lograra hace ya muchos años no tener que firmar sus cuadros para que su pintura se reconozca en todo el país, y en los círculos artístico del mundo entero, no ha renunciado, ni renunciará nunca, a ser de la Axarquía, y es un ejemplo, para todos, de lo que es amor al arte y a su tierra.

 

Nota: (Del libro Notables de la Axarquía. Autor Francisco Montoro Fernández)

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